WATANIBA

Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía

Amazonía en la encrucijada socioambiental: de cara a las llamas

22 de Agosto de 2019.

 

La Amazonía, dueña de múltiples nombres, es el sistema boscoso tropical continuo más grande del mundo. Para muchos es sólo una tierra ociosa, capaz de proveer madera y minerales, ser el suelo para la soya, tal vez el albergue de agua para agricultura y para producir electricidad. Pocos comprenden que de ella depende el clima Sudamericano y que es clave como regulador del clima mundial. Además, la Amazonía es el albergue de una considerable diversidad cultural, dada la cantidad de diferentes pueblos indígenas que en ella habitan y han habitado por miles de años. Cada pueblo con saberes, idiomas y tradiciones propias, que hasta unos pocos años atrás habían logrado mantener un balance entre el ejercicio de su vida y el entorno donde se encuentran.

La Amazonía ha sido definida siguiendo criterios hidrológicos (ríos y sus cuencas), biogeográficos (relación entre sus especies y el espacio geográfico), culturales, legales, entre otros. Algunos también la refieren como un bioma o desde un punto de vista legal. Lo cierto es que la Amazonía abarca más de 7 millones de kilómetros cuadrados, se emplaza en Sudamérica y nueve países tienen la suerte de ser parte de este sistema: Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Guyana, Surinam y Guyana Francesa.

 

Alerta mayor.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil, país donde se encuentra un poco menos del 60% de la Amazonía, en este año, 2019, han tenido lugar la mayor cantidad de incendios forestales desde que se inició el proceso de monitorización satelital por parte de esta organización, en 2013, mientras el Servicio de Observación de la Atmósfera de la red europea Copernicus indica que éste ha sido el peor en quince años que lleva el programa haciendo seguimiento de los focos de calor a nivel mundial.
Al comparar con el mismo período, enero-agosto, de 2018, los incendios han aumentado en más de 82% este año (71.497 en comparación con 39.194). Esto coincide con la también mayor tasa de deforestación de la Amazonía brasilera, la cual en julio pasado batió récord comparada con el mismo mes del año anterior, según informaciones del Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon). Son varios los estados brasileros afectados. Por ejemplo, el estado Amazonas se declaró en emergencia días atrás y los estados Acre, Rondônia, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul han sido reportados como áreas con incendios forestales descontrolados desde hace más de 16 días. En particular, llamó la atención de la comunidad nacional e internacional el gran incendio que desde el estado de Rondônia se aproximaba a Bolivia.
Las acusaciones, en Brasil, sobre responsabilidades van de un lado a otro y lo cierto es que el propio ministro del Medio Ambiente, Ricardo Salle, indicó que efectivamente los recursos para la fiscalización de las actividades que generan deforestación, y que son una amenaza para este sistema biológico, se han visto reducidos en los últimos meses. El funcionario lo asoció a recortes federales generales.

 

¿Coincidencias desafortunadas?
Pero no sólo los bosques brasileros se vieron afectados. Otros dos grandes sistemas han experimentado quemas excepcionales. Durante más de tres semanas, en la región de Bolivia conocida como la Chiquitanía, en el departamento Santa Cruz, múltiples incendios destruyeron más de 450 mil hectáreas de bosques, con la afectación del 70% de ese departamento. Por otro lado, desde Paraguay, el sistema del Pantanal también experimentó focos de calor de gran magnitud que terminaron por alcanzar la triple frontera entre Bolivia, Brasil y Paraguay.

En los tres países los incendios afectaron áreas protegidas de conservación y tierras indígenas. Es de notar que los incendios en la selva, pastizales y áreas agrícolas se ven favorecidos por el clima seco (algunas áreas tienen más de tres meses sin lluvias), pero, como indican diversos especialistas, es la acción humana la que detona estas situaciones. En Brasil se ha destacado la coincidencia entre la declaración por terratenientes del día del fuego y la intensificación de los focos de calor. Por otro lado, el presidente de ese país, Jair Bolsonaro, ha señalado a organizaciones de la sociedad civil como responsables de los incendios a consecuencia del recorte presupuestario del que fueron objeto.

Tradicionalmente, sin embargo, esta amenaza se encuentra asociada estrechamente a la “limpieza” dentro de las prácticas agrícolas, así como a los procesos de deforestación. En el caso de Brasil hay incendios en zonas de prácticas agrícolas, así como en los sectores de nuevas deforestaciones; en Bolivia y en Paraguay han estado más asociados a pastizales y áreas dedicadas a la agricultura, pero con una muy fuerte incidencia en sistemas naturales. Y estas quemas tienen lugar en un período donde, por razones climáticas, se encuentra prohibido el proceso de “adecuación” de tierras para la agricultura, en especial en Brasil.

Las consecuencias y su magnitud no pueden estimarse en este momento. En la Amazonía son muchos los pueblos indígenas afectados, ya que los focos de calor han llegado a sus territorios, lo que altera profundamente su ejercicio vital. Adicionalmente, los impactos sobre diversidad biológica, fuentes de agua y, especialmente, la emisión de gases invernadero tendrán graves secuelas para la región y para el planeta en su condición de compleja trama de sistemas que se encuentran interrelacionados. Un ejemplo casi inmediato fue el “anochecer” temprano que se vivió en São Paulo, ciudad a varios cientos de kilómetros de los incendios, como el resultado de una sinergia entre los gases emitidos y condiciones de viento específicas.

Sin embargo, los mayores efectos se vivirán en los meses y años venideros. Es posible que las sequías se hagan más intensas y las lluvias más extremas. Los bosques tropicales sudamericanos aún son de los mejores conservados del mundo y su capacidad de fijar dióxido de carbono, así como de capturar y proteger el agua, son claves para el clima regional y mundial. Estos incendios son un lanzamiento masivo de gases invernadero a la atmósfera y conllevan la reducción en su capacidad para volver a fijarlos.

A modo de coincidencia, esta semana de agosto se instaló la Semana del clima de Latinoamérica y el Caribe, en la ciudad de Salvador de Bahía en Brasil. Reunión esta que antecede a la COP25, a celebrarse en Chile, y donde el cambio climático es uno de los temas centrales. Esto ha puesto a las autoridades brasileras en la mira de fuertes críticas, pero recordemos que los incendios descontrolados no fueron sólo en Brasil. En el marco de esta grave situación, han aparecido en redes sociales fotos reales de los incendios mezclados con imágenes distorsionadas y datos sin sustento, como una expresión de esta época de noticias falsas. Los datos reales son alarmantes en extremo y las acciones son requeridas, no sólo en Brasil, sino en todos los países donde los bosques son un elemento importante. La acción requiere coordinación entre todos los afectados porque, y recordamos aquí la frase de la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), la Amazonía viva, significa una humanidad segura.

Por otro lado, como organización de la sociedad civil venezolana y partícipe de Redes Amazónicas lamentamos las acusaciones del Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, contra las ONG y nos solidarizamos con la sociedad civil brasileña, en particular con la siguiente nota: Bolsonaro não precisa das ONGs para queimar a imagem do Brasil no mundo inteiro

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Fuentes consultadas:

– Incendios forestales en el Amazonas aumentaron 82%

– Decretan el estado de emergencia en Amazonas por los incendios

– Cuando en São Paulo se hizo de noche a las tres de la tarde

– Los incendios forestales en Brasil aumentan un 83% a causa de la deforestación y la sequía en el Amazonas

Incendios amazónicos en Brasil encienden la resistencia ambientalista contra Bolsonaro

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