¿Cómo anticipar los alcances de la COP26? ¿Es tiempo de alegrarse o de preocuparse?

Pasada la primera ronda de la COP26 quedamos con esa sensación que deja una gran fiesta en la que quedan las buenas impresiones y “vibras” en el ambiente, aunque empañadas por una suerte de resaca, que en este caso no es otra cosa más que el principio de realidad de la complejidad del tema en cuestión, aunada a la lectura entre línea de las declaraciones y de los antecedentes de este evento que, a muchas luces, puede ser la repetición de promesas hechas sobre bases poco definidas y por lo tanto difíciles de cumplir.

El consenso de más de 200 países y de actores fundamentales de la producción de energías fósiles y de otras materias primas que impactan negativamente el ambiente en torno a tomar medidas para la protección de los bosques y avanzar en la reducción significativa de emisiones de carbono reconociendo a los pueblos indígenas como los principales garantes de grandes territorios amenazados como la Amazonía, así como el anuncio de un fondo de 1.700 billones para ello es, sin duda, un logro. Sin embargo, ponderar el alcance del mismo no es tan simple.

Tal como señala el artículo Behind grand declarations at COP26, a long track record of failure (Detrás de las grandes declaraciones pronunciadas en la COP26, un largo rastro de fracasos) de Ashoka Mukpo, esta declaración carece de una hoja de ruta para alcanzar sus ambiciosos objetivos. Los compromisos son manejados como generalidades y de manera extremadamente vaga en el documento; algo que no pinta muy bien en términos de garantizar sus progresos de forma expedita, la transparencia de las acciones y manejos de los recursos. No se presenta claramente cómo se plantean rediseñar las políticas agrícolas, cómo entra la actuación de los pueblos indígenas y qué relación hay entre la defensa de los territorios y sus otros derechos, la forma en que se penalizarán a las personas, empresas y estados que contraviene las mismas, ni de qué manera promoverán la producción sostenible de productos básicos. Aclarar estos puntos y establecer con firmeza y transparencia responsabilidades es vital para que realmente se pueda cumplir la meta de revertir los efectos del cambio climático en los próximos años. Esperemos que en los días que quedan de este encuentro veamos que estas inquietudes se transformen en propuestas bien delimitadas y verdaderamente realizables.

Desde Wataniba, los invitamos a leer el artículo de Ashoka Mukpo, que ofrece una mirada retrospectiva a otras promesas y compromisos en la última década que no han tenido mayor impacto y analiza por qué ésta podría ir por el mismo camino, pese a que cuente con más recursos y respaldos. Suscribimos su punto de vista. La invitación no es a condenar esta iniciativa de antemano, sino a analizarla y orientar el activismo y las acciones que realizamos las organizaciones que abordamos los temas vinculados con la COP26 hacia el propósito de que sí logremos mermar significativamente los efectos del cambio climático para el 2030. Al igual que como señala Alejandro Argumedo de Swift Foundation en el artículo, pensamos que “el dinero no va a salvarnos del dinero”, entendido que este fondo millonario no es la panacea en sí y que si se manejan con los criterios de quienes tienen intereses económicos que entran en conflicto con hacer cambios de base que realmente desaceleren y frenen el cambio climático y el sistemático irrespeto a los pueblos indígenas, sólo cambiarán los titulares en la prensa.

Comparte nuestras publicaciones