Prensa Wataniba
El 9 de abril se realizó a través del canal de YouTube de MapBiomas Brasil el lanzamiento de la segunda colección de mapas anuales de la dinámica del agua superficial en la Amazonía, que presenta los nuevos datos recabados durante el período 2000-2023 y del período 1985-2023 para el caso de los glaciares, en la que se presentaron importantes hallazgos.
MapBiomas es una iniciativa global, que incluye14 países (toda Sudamérica más Indonesia), conformada por más de 100 organizaciones locales. La red MapBiomas Amazonia, en alianza con RAISG, está conformada por instituciones como Gaia Amazonas, Wataniba, Provita, Ecociencia, el Instituto del Bien Común (IBC), Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), Imazon y el Instituto Socioambiental (ISA). Además, cuenta con la cooperación técnica y tecnológica de GeoKarten.

El propósito de esta red es desarrollar en cada país miembro la capacidad para generar datos espaciales con el uso de sensores remotos, información que pueda ser utilizada libremente por múltiples actores tales como organizaciones indígenas, academia, gobiernos y organismos multilaterales para definir políticas públicas en la gestión sostenible de los recursos naturales y establecer medidas para la mitigación del cambio climático. En esa dirección apuntan las iniciativas y productos generados por MapBiomas: Coberturas y Uso, Deforestación, Fuego, Degradación, alertas y el ya presentado MapBiomas Agua.
Datos clave, alarmas encendidas
En el evento, Juan Espinosa, miembro de la Fundación Ecociencia de Ecuador , especialista en SIG y Sensores Remotos, refirió algunos de los datos más relevantes de esta segunda colección de MapBiomas Agua: “La Amazonía es el bioma que tiene la mayor superficie de agua detectada (14,5 millones de hectáreas), seguido por los biomas Cerrado, Andes, Pantanal, Chiquitano, Chaco, Valles y el último de ellos el bioma Tucumano con 1,7 miles de hectáreas. En todos estos biomas, que conforman la Región Amazónica, según los datos arrojados MapBiomas Agua, se encontraron 15,6 millones de hectáreas de agua superficial, de las cuales solo en la Amazonía está el 93 % de esta agua, una superficie equivalente al 62 % del territorio de Ecuador”.

Asimismo, Espinosa señaló que en el año 2023 “la superficie de agua estuvo solo 0,6 % por encima de la media histórica, aunque había permanecido 9 años consecutivos (entre 2013 y 2021) por debajo de esta media. Sin embargo, en el 2023 disminuyó un 4,6 % en relación al año 2022, es decir, 750 mil hectáreas”.

Por otro lado, refirió que MapBiomas Agua presenta datos mensuales que conviene explorar e invitó a todos los usuarios de la plataforma para que hagan análisis a partir de esa data: “Esa información mensual permite ver, por ejemplo, que aunque en el año 2023 en términos de la superficie total se haya mantenido 0,6 % por encima de la media histórica, durante los meses secos estuvo por debajo de la media histórica mensual, lo cual permite concluir que estas variaciones intranuales con altos valores en la época de lluvias y bajos valores en las épocas de sequía reflejan una mayor intensidad de los fenómenos estacionales”.
Además, de los datos de agua superficial, se incorporaron los datos sobre los tipos de cuerpos de agua según su tipo de uso, caracterizados en cinco clases: 1) natural, 2) antrópicos, 3) hidroeléctricas (referidos a toda aquella hidrografía usadas para la generación de energía eléctrica), 4) minería y 5) acuicultura. En este sentido, Espinoza señaló que la información recabada permite ver que el 88 % de los cuerpos hídricos presentes en el límite definido por la RAISG son naturales y que un 12 % del agua superficial tiene usos relacionados con las actividades humanas: “De estos usos antrópicos, el 82 % se concentra en los embalses, con 1,57 millones de hectáreas”.

Uno de los datos más alarmantes revelados por la colección de MapBiomas Agua es el descenso en la superficie de glaciares existentes en la región amazónica: “A veces tenemos la idea de que la Amazonía simplemente son las selvas, pero en realidad hay una enorme diversidad de paisajes, de biomas. En el caso de los glaciares, los datos recogidos no son noticias positivas, aunque sin duda son valiosos para poder definir acciones que detengan la tendencia. Y es que el mapeo arroja que entre 1985 y 2023 se han perdido 87 mil hectáreas de superficie de glaciares, es decir el 51,2 % de la superficie total: Venezuela ha perdido el 98 % de sus glaciares, Colombia el 61 %, Ecuador el 37 %, Bolivia el 57 % y Perú el 50 %.
Una colección interactiva y multipropósito
El evento también contó con la participación de Joshelin Varón, de la Fundación Amigos de la Naturaleza, de Bolivia, quien explicó las características de la web https://amazonia.mapbiomas.org/: “La plataforma de MapBiomas Agua es un mapa interactivo de toda la región amazónica, donde existen diferentes tipos de filtros para ordenar y presentar la información. Permite hacer búsquedas donde se describe una región, un área protegida o un territorio indígena. También permite la agrupación territorial con distintas capas de análisis, como cuencas, territorios indígenas, áreas protegidas, nacionales y subnacionales. También está el filtro de tipos de datos, que ordena información sobre la superficie de agua y muestra los años con mayor superficie de agua, con la superficie media y con la mínima superficie de agua de un área específica de interés seleccionada, así como el comportamiento mensual de cada uno de los años de la serie histórica, y en la línea de tiempo se puede modificar según el año de análisis y seleccionar de forma específica un año de interés”.
Varón explicó, además, que en en la plataforma hay distintas herramientas que facilitan la descarga de datos y análisis de la información, usando distintas unidades de análisis.: “Una herramienta sumamente interesante es que podemos seleccionar un píxel en el mapa y ver la historia completa de este píxel. Y otra muy valiosa es una herramienta que muestra las transiciones que ha tenido la superficie de agua en toda la región amazónica. Si nos acercamos a un área específica, seleccionamos una agrupación territorial, automáticamente carga esa información, de modo que es posible identificar cuáles son los lugares que han sufrido mayor cambio”.

También destacó que la colección permite categorizar los cuerpos de agua según su tipo de origen: “La primera clase que tenemos es natural, que está con color azul; la segunda clase es la clase de cuerpos antrópicos, donde podemos encontrar embalses o hidroeléctricas. Podemos identificar hidroeléctricas en Venezuela, Surinam o Brasil, también en las Guyanas. Y también está la la clase de cuerpos de agua para minería. Así, es posible identificar qué zonas son las que presentan minería. Y finalmente tenemos la clase de acuicultura”.
MapBiomas Agua: información clave para la acción regional conjunta
La presentación de esta nueva colección de MapBiomas Agua contó con la participación de Felipe Samper, politólogo especializado en participación política y gestión pública con más de 17 años de trabajo en pueblos indígenas y comunidades locales de la Amazonía, con experiencia de trabajo a nivel regional en varios países de la región amazónica, quien hace parte de la coordinación de la Alianza Nor-Amazónica. Además, también contó con el aporte de Marlene Quintanilla, ingeniera forestal especialista en evaluación de recursos hídricos con más de 15 años de trayectoria en la planificación y uso sostenible de recursos naturales, actual directora de investigación y gestión del conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza, en representación de la RAISG, quien lideró proyectos e investigaciones vinculadas a la gestión del agua y bosques en programas de Naciones Unidas, en proyectos forestales y de gestión territorial en el CIDOC y el CEPAC. Ambos especialistas tuvieron la responsabilidad de responder las preguntas que el público asistente realizó en la fase de interacción del evento.

Tanto Samper como Quintanilla coincidieron en que el esfuerzo que hace MapBiomas es esencial para este ejercicio de protección, fundamental para la gestión territorial y clave para la toma de decisiones, ya que, aunque aunque la Amazonia abarca parte del territorio de nueve países, se trata en realidad de un conjunto de ecosistemas que fluyen y se conectan entre sí, en una conectividad que tiene una funcionalidad bastante integral, cuya protección requiere de la articulación de distintos actores y del reconocimiento de la diversidad como fundamento para estos ejercicios de protección. “En esta Amazonía interconectada, la información de MapBiomas Agua posibilita comprender que los impactos no están solo en la región sur, sino que también están todos estos impactos que también afectan a la región norte de la Amazonía, a los países donde quizás las presiones no tienen una dimensión tan fuerte como en el sur. Con toda esta información, nosotros a nivel de red podemos enfocarnos en donde están los problemas más altos, pero también en cuáles son las causas y cuáles son los biomas más sensibles. Ello permite que podamos trabajar mucho mejor en objetivos de incidencia para exponer este complejo panorama en las instancias que toman las decisiones y principalmente en quienes son los más afectados”, reflexionó Quintanilla.

Felipe Samper, por su parte, agregó: “Con toda esta información disponible entendemos que hay una problemática desde una perspectiva regional y que estas problemáticas solamente pueden ser abordadas desde la diversidad de actores y de roles que convergen en este territorio. Esta diversidad tiene como centro las comunidades locales y los pueblos indígenas que habitan y que han mantenido el territorio, pero también implica la articulación con otros actores que también determinan el funcionamiento de la Amazonía entendida como un sistema. En ese sentido, en la medida en que vemos esta conectividad también en su dimensión social y cultural, podemos entonces trabajar para configurar formas de gobernanza en los territorios a partir de la interrelación de distintos actores, a partir de un diálogo entre distintos sistemas de pensamiento. Ese diálogo intercultural es lo que va a permitir enfrentar esta amenaza y este proceso de adaptación al cambio climático. La información de altísima calidad que está ahora proporcionando Mapiomas nos permitirá a nosotros como red, a RAISG y a otras redes regionales tomar decisiones colectivas más eficientes, entender dónde enfocar nuestras acciones y entender cómo involucrar a este compendio de actores para poder trabajar conjuntamente en el territorio con este propósito compartido de proteger la vida”.
Habla la evidencia: urge nueva gobernanza sobre el agua
Los resultados de Mapiomas Agua Amazonia señalan que es urgente hablar del agua en términos multilaterales para protegerla, ya que el agua es un recurso natural que incide directamente en las dinámicas naturales, ambientales y sociales del territorio; la disminución de su superficie, la sequia e incluso las inundaciones traen como consecuencia alteraciones en los ecosistemas, influyendo directamente en la migración de especies faunísticas, cambios en el uso de la tierra y de los medios de vida de poblaciones humanas, vegetales y animales.
Las colecciones de mapas generadas por Mapiomas evidencian con datos y métricas cuál es la dimensión de los cambios y demuestran la necesidad urgente de articular y armonizar políticas públicas de los países que hacen parte de la región amazónica, para poder construir acuerdos comunes acerca del uso del agua, que se traduzcan en políticas públicas y en formas de participación efectiva para que las comunidades locales, los pueblos indígenas, puedan participar en la definición de estos lineamientos y, además, estar a cargo de su implementación.

La información rigurosamente científica que hace pública MapBiomas Agua significa que es fundamental hablar de una gobernanza sobre el agua, ya que, aunque las Naciones Unidas y la OMS establecen que el agua es un derecho fundamental, en la práctica los países siguen priorizando actividades como la construcción de hidroeléctricas y la actividad minera, anteponiendo estos intereses al derecho fundamental de los pueblos sobre el agua.

Se trata, y la evidencia científica así lo demuestra, de la necesidad urgente de impulsar formas de gobernanza que reconozcan las dinámicas y las particularidades locales para construir esquemas regionales de gobernanza del agua que tengan en cuenta lo local, lo subnacional lo nacional y lo regional que fortalezcan la manera en que las comunidades locales, los pueblos indígenas y las ciudades que están en este bioma hagan un uso del agua. Esa gobernanza debe estar regida por una lógica basada en el agua como un bien colectivo, común, que está por encima de otras prioridades y por encima de lógicas de mercado e individuales. Y debe estar regida por el reconocimiento de que el agua es fundamento de la vida y por lo tanto una prioridad compartida de todos los actores que comparten el territorio.


