WATANIBA

Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía

La hija del último Chamán

La verde sabana de Cacurí, comunidad indígena de los Ye’kwana de Alto Ventuari, se muestra en toda dirección que alcance la mirada. Con el cerro El Danto de guía, uno de sus senderos lleva a la que fuera casa de Kareju, el último chamán.

“Convertirse en chamán no es tarea fácil, desde niño debes mostrar las características necesarias, el don o la facultad para formarte como tal y el chamán anterior debe transmitirte dicho conocimiento”, dice Eugenia Gregorio, quien es profesora en la comunidad e hija del último chamán.

Agrega que el chamán es un elemento necesario e importante para el equilibrio de la comunidad, ya que a través de sus cantos y su capacidad de conexión con planos espirituales superiores, logra protegerla de espíritus y energías negativas.

“La presencia del chamán nos ayudaba a mantener alejados a los espíritus salvajes que aún viven en la selva y los cerros, las enfermedades podían combatirse con sus conocimientos y tratamientos a través de plantas específicas. Hoy, sin él, la comunidad es más vulnerable”, comenta Eugenia.

Con el sol de mediodía, a las puertas de la casa del chamán, vigiladas por dos figuras en la pared que representan a la Organización Ye’kwana de Alto Ventuari, Kuyunu, Eugenia, repasa la actualidad de la comunidad sin la presencia de Kareju.

“Cuando el chamán estaba vivo teníamos la posibilidad de prevenir los eventos del futuro, adelantarnos a ellos y prepararnos mejor para enfrentarlos. Sin él las amenazas son cada vez más frecuentes y complicadas: la visión occidental sobre la minería y los vicios a su alrededor, las enfermedades y malos hábitos. Los criollos desestabilizan el mundo indígena al invadirlo y tenemos miedo que solo quieran aprovecharse de nuestros recursos e imponer sus costumbres”, expresa.

De acuerdo con los conocimientos y creencias de este pueblo, un miembro de la comunidad con las facultades para convertirse en chamán, lo demuestra, desde que es tan solo un niño de meses, donde la prueba es que debe silbar a tan temprana edad. Su identificación y posterior formación dependerá del chamán en curso que logre transmitirle el conocimiento y lo guíe en la aplicación de sus facultades para el bienestar de su comunidad y su pueblo.

“Ser chamán no es algo que se herede. Mis hermanos y yo no nacimos con esa facultad y ahora mi papá no está y no quedó alguna figura que lo reemplace. Tendremos que esperar que nazca un niño y silbe y los sabios le enseñen el camino del bien para que la lucha indígena se mantenga en el tiempo”, concluye la hija de Kareju.

Esta entrevista fue realizada por el equipo de Wataniba en el marco del trabajo de asistencia técnica y apoyo al pueblo Ye’kwana del Alto Ventuari, durante la realización de su más reciente Asamblea, en noviembre de 2018.

 

Texto y fotografía: Juan Andrés Pinto/ @pintojuanpinto

 

 

Para saber más de lo que acontece en la Amazonía venezolana, síguenos en nuestrasredes:

Ig: @wataniba
Fb: Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonia Wataniba
Tw: @Wataniba_ve

Comparte nuestras publicaciones